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jueves, 3 de enero de 2013

Novelas para leer en vacaciones

La muerte del padre, de Karl Ove Knausgard

Karl Ove Knausgard está luchando con su tercera novela casi diez años después de que su padre se emborrachara hasta morir. Quiere que sea una obra maestra, pero le atormentan las dudas sobre su talento como escritor y se pasa los días imaginando epitafios nada halagadores para sí mismo.
 
Esta es la primera novela de las seis que conforman Mi lucha y que pueden ser leídas de forma independiente o como partes de un proyecto muy ambicioso. Karl Ove Knausgard se embarca en una exploración proustiana de su pasado y desmenuza la historia de su propia vida hasta obtener las "partículas elementales". El resultado es una historia universal de los combates (grandes y pequeños) que todos debemos librar en nuestras vidas, una novela tan profunda como absorbente que nos atrapa desde la primera página, escrita como si la propia vida de su autor estuviera en juego.   




La edad de la duda, de Andrea Camilleri

Con las primeras luces del alba, el comisario Salvo Montalbano se despierta sobresaltado por una pesadilla angustiosa. En ella, la capilla ardiente de su propio funeral se instala en su despacho y todos sus compañeros de trabajo le dan las condolencias por su reciente fallecimiento. Y lo peor es que Livia le comunica que no tiene intención de asistir al entierro, pues aunque lo ha amado tanto en vida, no puede "desaprovechar esa oportunidad". Pero las zozobras íntimas del comisario quedan en segundo plano cuando la llegada al puerto de Vigáta de un misterioso velero de lujo coincide con el hallazgo de un cadáver con el rostro desfigurado...
 



El traductor, de Salvador Benesdra
 


Una novela extraordinaria que con una prosa de tono lírico y una fuerza abrumadora retrata y reflexiona acerca del mundo del trabajo, el desbande sindical y la crisis de la izquierda en tiempos de ajuste neoliberal y menemismo, pero también acerca de las posibilidades e ironías del amor en medio de la desesperación y la impotencia. En palabras de Elvio E. Gandolfo, "una de las mejores novelas argentinas que se hayan escrito desde 1810".





Baila, baila, baila, de Haruki Murakami

En marzo de 1983, el joven protagonista de esta novela, redactor freelance todoterreno, después de pasar días sombríos, siente la necesidad de volver a ciertos escenarios de su vida para ajustar cuentas con el pasado.
Asesinatos, viajes a Hawai, pasajes a otros mundos y fiestas, se suceden al ritmo de la música que suena en la radio de su destartalado Subaru. Lo cierto es que, como afirma un enigmático personaje, todo está conectado. Porque sólo se regresa al Hotel Delfín para poder empezar de nuevo.
  

El comisario Kostas Jaritos se aburre. Está de baja, recuperándose de una delicada operación después de que, durante la investigación de un caso, le dispararan en el pecho. Por toda distracción, recibe algunas visitas, lee los periódicos y mira la televisión. Precisamente, una noche ve cómo, en un programa de entrevistas, el constructor Iásonas Favieros, que ha amasado una fortuna en los últimos veinte años y ahora está enriqueciéndose como nunca con las obras de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, se suicida ante las cámaras y conmociona a todo el país.
 
Se desata un alud de noticias, hipótesis e incluso de comunicados de extrañas organizaciones, y Kostas, convertido en un ciudadano más, primero reflexiona y luego, todavía convaleciente, decide investigar. En esa Grecia preolímpica que se debate entre un pasado difícil de olvidar y la arrolladora modernidad, origen de muchos de sus futuros problemas, arranca este nuevo caso del comisario Jaritos.
 




Jasper Gwyn es un escritor. Vive en Londres y, verosímilmente, es un hombre que ama la vida. De repente, tiene ganas de parar. Tal vez de parar de escribir, aunque la suya no es la crisis que aflige a los escritores sin inspiración. Jasper Gwyn parece querer cambiar de perspectiva, llegar hasta el meollo de cierta magia.

Le sirve de apoyo, de cómplice, de asistente, una muchacha que va recogiendo, con rabiosa devoción, lo que progresivamente va siendo el misterio de Mr. Gwyn.

Más sobre Mr Gwyn aquí.

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